Ancla
Rekalde Luzarraga, Itziar
El origen de los mitos fundacionales no ha sido otro que el intento de alumbrar la oscuridad en la que surgieron comunidades y se establecieron en ciertos lugares, se estructuraron ritos y se promulgaron mandatos. La necesidad de acotar los misterios de la vida y la muerte nos ha acompan~ado desde el origen mismo de nuestra especie. Para explicarnos los elementos naturales hemo...
Sinopsis
El origen de los mitos fundacionales no ha sido otro que el intento de alumbrar la oscuridad en la que surgieron comunidades y se establecieron en ciertos lugares, se estructuraron ritos y se promulgaron mandatos. La necesidad de acotar los misterios de la vida y la muerte nos ha acompan~ado desde el origen mismo de nuestra especie. Para explicarnos los elementos naturales hemos recurrido a seres sobrenaturales.
Itziar Rekalde es actriz y narradora de oficio. Durante an~os viene trabajando con empen~o en la evocacio´n de he´roes ano´nimos, con historias portentosas, que necesitan ser contadas y escuchadas: «... las y los protagonistas de mis cuentos han elegido un mundo en el que todo es posible aunque nada sea cierto. Y yo, tambie´n». Asi´ es como se define la autora de este Ancla que ahora nos sujeta. «Ancla» es una de sus palabras esenciales. La otra es la «rai´z» de la que se nutren sus historias. Esta declaracio´n instruye un esclarecedor texto recogido en el Diccionario de Oralidad publicado por AEDA, en el que Itziar traza los presupuestos de todo narrador y de todo oyente. Es casi un manifiesto por el que se rige tambie´n su escritura.
Itziar Rekalde Luzarraga, Bermeo 1954
La rai´z es la parte de los organismos en donde se depositan aquellos elementos necesarios para su alimentacio´n y sustento. Permanece a menudo oculta y esto propicia que nos olvidemos frecuentemente de su importancia. Tener en cuenta, buscar y asimilar nuestra propia rai´z nos permitira´ ser u´nicas y, en consecuencia, universales. Hay dos palabras esenciales que aprendi´ de nin~a: Rai´z y Ancla. Ambas nos sujetan. Sin rai´z no somos; no podemos expandir nuestras semillas ni recoger de alla´ adonde vayamos nuevos abonos. Sin el ancla que nos pare y nos contenga al resguardo de vientos y corrientes que nos desvi´en, no podremos mantener el rumbo. Enraice´monos, pues, y levemos anclas cuando el viento sea propicio. Feliz travesi´a.
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